Buscar razones para vivir es una buena razón para seguir viviendo, y si no las hay,
hay que inventárselas.
Conmigo no tienes que fingir. No tienes que decir nada. Si me necesitas, silba. Sabes silbar, ¿no? Sólo tienes que juntar los labios y soplar. Y yo acudiré a tu llamada.
Las personas mayores aman las cifras. Cuando les habláis de un nuevo amigo, no os interrogan sobre lo esencial. Jamás os dicen: "¿Cómo es el timbre de su voz? ¿Cuáles son los juegos que prefiere? ¿Colecciona mariposas?"
En cambio, os preguntan "¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos tiene? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?"
Solo entonces creen conocerle.
No sonamos demasiado convincentes, ni siquiera nos lo creemos nosotras mismas. Sentimos la necesidad de pediros perdón, por no ser adorables, ni perfectas, ni simpáticas, ni agradables, ni interesantes. No somos nada abrazables, ni comestibles, ni siquiera bebibles. Parecemos más bien.. atragantables. Asi es como hablan seguramente muchas personas de nosotras, pero si los que hablan tan mal de nosotras, supieran exactamente lo que pensamos de ellos, creernos, que hablarian aún pero.
Que si, existían personas alérgicas al café y a las nubes pero es demasiado tarde para ponerse a buscarlas, que nadie nos preguntará jamás a que huelen las estrellas.
A helio, del que ponen en los globos que saben volar, las estrellas huelen a verbo, al verbo volar.